Autor: Adriana Alvarez


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Perdiendo el miedo a cobrar

Cuando se trata de prestar un servicio o vender un producto, la mayoría de las mujeres tenemos un problema, en mi opinión uno serio: nos da vergüenza cobrar.

No importa que tan duro trabajemos, que tanto nos capacitemos y preparemos para dar un buen servicio; a la hora de la hora, nos sentimos culpables y hasta mal por tener que cobrar.

Varios pensamientos pasan por nuestra cabeza cuando llega ese momento. Algunas sentimos que cobrar por nuestro trabajo es sinónimo de no hacer las cosas por amor y volvernos “plateras”. Otras pueden sentir que, si cobramos, podemos perder el cliente. Incluso es posible que pensemos que caeremos mal. Puede ser incluso que cobremos hasta más barato o demos descuento para que los clientes valoren nuestro producto o servicio.

Lo triste de esta historia es que nosotras, si fuéramos a comprar, es muy probable que paguemos lo que cuesta, no necesariamente pidamos descuento y que paguemos sin que se nos cobre, para no quedar mal con la persona.

Entonces, estamos frente a un dilema triste y serio: ¡No cobramos y sí pagamos!

Chicas, esto no debe seguir así.

Entendamos en primera instancia que esto sucede porque así hemos sido socializadas. Vale más el caer bien que el darnos a respetar y mucho más importante darlo todo por los demás y nunca pedir nada a cambio. Esta mentalidad, en mi opinión errada, nos hace creer que el desear dinero es malo, que el cobrar es ambición y, por ende, no seremos queridas. Sin embargo, en el mundo de los hombres, esto no es así. Ellos cobran lo que desean, hablan de dinero libremente y no tienen vergüenza en “andar detrás” pidiendo que se les pague.

Es importante que cambiemos ese “chip mental” de que debemos caer bien todo el tiempo y que empecemos a valorar nuestro trabajo. Debemos perderle el miedo al dinero y estar claras de que este es importante para nuestra subsistencia y es normal el esperar una retribución económica por un trabajo bien hecho.

No tenemos que sentir la presión de dar descuentos para justificar nuestra capacidad, ni tener temor de cobrar lo que nuestro trabajo realmente vale. Debemos recordar que somos buenas en lo que hacemos, que nuestra labor tiene un valor y que es justo pedir una retribución económica por ello. Creamos en nosotras mismas, en nuestro trabajo y considerémonos merecedoras de recibir el dinero correcto por ello.

Publicado originalmente en: http://www.laprensalibre.cr/Noticias/detalle/122147/perdiendo-el-miedo-a-cobrar

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¿Cómo deberían vestirse las mujeres?

Yo crecí en una época donde me decían que tuviera cuidado con mi vestimenta, ya que, si me vestía muy provocativa, podrían tocarme e incluso violarme. Además, me creerían una mujer fácil y hablarían de mí. “La que exhibe mucho vende barato”, me decían.

Con los años fui aprendiendo que mi forma de vestir no es causante de que un hombre no pueda controlarse y crea que mi cuerpo es de él para hacer lo que quiera. Entendí también que los “piropos” no son mi culpa, y no los debo aceptar independientemente de cómo ande vestida. Comprendí también que yo tengo derecho a vestirme como deseo hacerlo sin que me juzguen o hablen de mí.

Sin embargo, como madre de dos niñas siento el dilema de cómo criarlas bajo la filosofía feminista de que ellas puedan hacer con su vida y su cuerpo lo que deseen, pero al mismo tiempo ajustadas a la realidad en la que aún vivimos.

Lo primero es tener claro, al educarlas, que su cuerpo es de ellas y que nadie tiene derecho a tocarlas. Nadie puede utilizar su vestimenta como excusa para justificar comportamientos incorrectos de hombres. Deben entender además que, pase lo que pase, un acto indeseado nunca será la culpa de ellas.

En la vida, lo importante no es lo que hacemos, sino por qué lo hacemos, y esa es una gran lección cuando se habla de vestimenta. ¿Te vistes de esa forma porque te gusta, te sientes cómoda y te sientes bien, o lo haces para “lucir” o “atraer” al sexo opuesto? Ambas se notan a leguas y los que estamos alrededor lo podemos percibir. No es lo mismo vestirse para una misma que para atraer a los demás.

Por tanto, una primera lección para nuestras hijas es enseñarles que ellas no deben andar buscando aprobación y que deben vestirse para ellas mismas. Así mismo que ellas entiendan que a las personas se les conquista por la inteligencia, simpatía, coraje y personalidad, no por nuestro cuerpo, o por lo que la ropa muestre o insinúe mostrar.

Otra enseñanza importante es la construcción e imagen que se desea proyectar, ya que, aunque el hábito no hace al padre, la vestimenta sí puede apoyar a la construcción de nuestra credibilidad en el mundo laboral. Imaginemos un doctor cirujano que vaya a operarme, y llegue en short y camiseta sin mangas, o el abogado litigante que trate de llegar al juicio con sandalias, jeans y gorra.

Deben entender que existe un momento para todo: así como en la playa no iremos con botas altas y sueter, tampoco iríamos con vestido de baño a la oficina. La vestimenta que escojamos debe estar acorde al puesto que deseamos tener en el futuro y pensemos siempre antes de salir de casa, si las prendas que escogimos nos ayudan a construir la imagen que deseamos tener.

La vestimenta tiene mucho que ver con la autoestima, así que recordemos siempre fortalecerla en nuestras niñas.

Publicado originalmente en: http://www.laprensalibre.cr/Noticias/detalle/120676/como-deberian-vestirse-las-mujeres

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¿Cómo hacer networking?

Yo no sé ustedes, pero yo no soy fan del mandato de ir a actividades para ampliar mi red de contactos o lo que se conoce como “networking”. Conozco la importancia de hacerlo, pero no me sale natural el ir, presentarme, dar mi tarjeta (ni tengo tarjetas de presentación) y pedir la tarjeta a cambio.

Hace unas semanas estuve en un evento de mujeres y me topé con una conocida, quien no tiene un ápice de vergüenza, y pareciera incluso que lo disfruta. Esta muchacha conocía a todas las presentes y a las que no, se les presentaba y les hacía la venta de su negocio. Algo fuera de serie. Sin embargo, esa agresividad me choca, y noté que a varias de “sus nuevos contactos” también.

A raíz de esto, me surgió la duda sobre cómo debe hacerse el networking. La importancia de darme a conocer y ampliar la base de mis contactos la tengo clara, pero cómo hacerlo asertivamente, sin parecer desesperada o generar rechazo.

Lo primero es diferenciar entre networking, ventas y mercadeo. Estar en un evento y dejar tu panfleto en cada silla es una forma de mercadeo, no así de networking. Incluso, llegar a presentársele a una persona y darle nuestra tarjeta de presentación “de la nada”, puede ser considerado estrategia de ventas, pero no de networking. No se puede ir a presentarse a las personas y de primera entrada pedirles una reunión o que te contraten o incluso el e-mail para enviar tu currículum. Esta actitud de frente y agresiva es el equivalente a que estés en una fiesta, un hombre llegue a presentarse y de primera entrada te diga que quiere pasar la noche con vos.

Algunas personas dicen que para surgir en el mundo se deben tener “patas” para que por influencia te contraten o te compren. Yo no coincido con este dicho, ya que como empresaria, yo no contrataría a alguien que no esté a la altura del puesto; sin embargo, cuando busco contratar trato de hacerlo dentro de mi círculo o relacionada con gente cercana, por una razón muy sencilla: al conocer a alguien, ya tengo una relación y es más fácil ver si su personalidad se adaptará a la mía, al puesto y a la empresa. Esto quiere decir que usualmente es más fácil contratar a alguien que venga referido por alguna persona cercana sobre una persona totalmente desconocida. Entre las personas referentes pueden ser amistades, profesores u otras empresarias.

Esto deja una gran lección: no es a quién conoces, sino quién te conoce, y por qué te conoce. Si has hecho una buena labor como estudiante en la universidad, y tu profesora te ve como una mujer hábil e inteligente, ella te recomendará. Así fue como conseguí a la última persona que contraté.

El hacer un buen trabajo y darlo a conocer es también una forma de networking, ya que, nuevamente, te da a conocer con la gente que se encuentra a tu alrededor. Por esta razón es importante que dejes de lado la “humildad” y des a conocer tus logros, premios y éxitos para que los que estamos alrededor lo notemos.

El networking bien realizado es establecer relaciones a largo plazo con las personas donde ambas nos lleguemos a conocer y tengamos algo que ofrecer. El conocer “a todo el mundo”, tenerlos como amigos en Facebook, o incluso tener fotos con esas personas no ampliará tu base de contactos si son personas a las que realmente no conoces y con quienes no tienes una relación. No es un concurso sobre quién conoce a más personas, sino cuántas de las personas que conozco son relaciones reales a quienes yo les puedo pedir un favor o viceversa.

El networking es el arte de relacionarte y es como una cuenta bancaria: no puedes sacar dinero, si no has metido dinero en la cuenta. No puedes andar pidiéndole a las personas que te promuevan, contraten o te introduzcan a otras personas, si vos no has hecho algo por ellos o podés demostrar que puedes hacer algo.

La próxima vez que vayas a un evento o actividad, procura conocer a gente nueva, ya sea con quien te sientas en la mesa, o las personas que saluden tus colegas con quienes estás. Preséntate y trata de conocer a esas personas, no necesariamente hablando de trabajo, sino con otros temas como deporte, familia, o algo que a primera entrada pueda generar empatía, para que empieces a desarrollar una relación y no solo coleccionar tarjetas de presentación o amigos en Facebook.

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El poder de promovernos entre nosotras

Por muchos años de mi vida, prefería trabajar con hombres. Pensaba que trabajar con mujeres era entrar a una bodega clandestina y estar dentro de una pelea de gallos (gallinas) con los hombres alrededor gritando y apostando.

Por esta razón, las mujeres eran mis enemigas públicas número uno y hacía lo propio con tal de ser yo la enemiga de ellas. Quería demostrarles que no las necesito y dejarles claro que no tendría piedad si alguna de ellas me quería quitar mi campo. Lo peor de todo era que por mucho tiempo me sentía orgullosa de esa posición, situación que actualmente me avergüenza y desearía no sólo nunca haberlo hecho, sino que, desearía poder disculparme con todas a quienes afecté con mi mal comportamiento a causa de mis inseguridades.

Gracias a los talleres de empoderamiento que recibí, logré entender que estábamos todas repitiendo las reglas impuestas por el patriarcado. Así como en la fábula de Cenicienta donde todas las mujeres del pueblo van al baile y compiten por ser escogidas por el único príncipe del mundo; nosotras lo hacemos en el mundo laboral como si sólo existiera una empresa y sólo un puesto.

Decidí entonces no ser más la hermanastra mala de cenicienta, y más bien, transformar e impulsar a mujeres al éxito. Es decir, no ser más parte del problema y ser parte de la solución.

Primero trabajándome a mí misma. Aceptémoslo: los celos y la envidia no son más que el reflejo de nuestras propias inseguridades. Sólo la mediocre en mí tendría miedo de que una subalterna me quite el puesto. Si yo soy buena, no tengo porqué temer. Si mi subalterna es buena y mejor que yo, entonces significa que existen áreas donde debo mejorar, e incluso donde ella, me puede apoyar. Si mi jefa es mejor que yo, en buena hora que esté por encima mío. Así puedo aprovechar su capacidad, utilizarla como modelo a seguir y aprender de ella. Incluso podría pedirle que fuese mi mentora.

Ya es suficientemente difícil ser mujer en el mundo laboral, equilibrando los diferentes roles que tenemos, como para incluir el de: “bajarle el piso a mis compañeras”.

Sé que el cambio no es fácil, pero es posible. Entendamos que todas hemos crecido bajo la misma crianza patriarcal que tanto daño nos ha causado, y hagamos la promesa de cambiarla. Empecemos por nosotras mismas impulsando a mujeres que estén a nuestro alrededor. Si ellas no nos “devuelven el favor” no importa, no lo hacemos para que nos lo paguen, lo hacemos porque es lo correcto.

¿Se animan a crear una nueva cultura de promoción entre nosotras las mujeres?

Publicado originalmente en: http://www.laprensalibre.cr/Noticias/detalle/119694/el-poder-de-promovernos-entre-nosotras

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Criando una nueva generación

Aunque la crianza de hijos es responsabilidad compartida entre el papá y la mamá, nosotras tenemos una cuota muy grande en la enseñanza de valores y educación en general.

Cargamos con gran parte de la responsabilidad de criar una nueva generación de hombres y mujeres género-conscientes, libres de estereotipos y creyentes de la igualdad.

Con nuestro ejemplo, ellos crecerán y formarán su propia familia.

La pareja que tenemos a nuestro lado es un reflejo de nuestro amor propio. Por ende, si nos amamos a nosotras mismas, podremos aspirar a tener una relación sana y respetuosa, y nuestros hijos e hijas aspirarán a lo mismo.

La pareja es la decisión familiar y laboral más importante que vamos a tener… porque esta persona, a quién amamos, puede impulsarnos al éxito o mandarnos directo al fracaso. Eso también lo verán nuestros hijos.

Si tenemos hijos hombres, tenemos que tener cuidado de cómo nos referimos acerca de sus amigas mujeres y compañeras: por ejemplo, qué decimos sobre su vestimenta o sobre cómo ellas deciden ver la sexualidad. Con nuestras palabras, él respetará a las mujeres o las verá como simples objetos, entenderá que “no es no” o querrá imponerse. Valorará a una mujer segura o se sentirá menos. Con nuestro ejemplo, compartirá las labores del hogar o pensará que eso es responsabilidad de la mujer.

Si tenemos hijas mujeres, ellas aprenderán de autoestima a través de nuestra imagen sobre lo que es belleza. Si pasamos en dietas, contando calorías y diciéndonos a nosotras mismas gordas y feas: eso aprenderán ellas. Si estamos en relaciones de abuso o violencia, ellas posiblemente escogerán a un agresor como pareja. Si pensamos solo en los demás y nos dejamos a nosotras mismas de últimas, ellas repetirán ese patrón. Si no nos valoramos ni nos respetamos, posiblemente ellas en un futuro tampoco.

En nosotras está el crecer como mujeres y madres, para que, con el ejemplo, podamos ser modelos dignas de imitar de nuestras hijas y aprendan lo que significa ser mujer. Convirtámonos en un ideal de mujer para nuestros hijos hombres, para que ellos respeten a las mujeres y asuman su responsabilidad dentro de la familia.

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Aprendizajes de mis hijas

Para mí, el convertirme en madre de dos hijas ha sido de las experiencias más lindas que he tenido. Las amo con todo mi ser y deseo ser para ellas la mejor mamá que puedo ser.

Sin embargo, lejos de yo poder aportarles a ellas enseñanzas y lecciones, han sido ellas las que al venir a este mundo y escogerme como su mamá me han brindado la oportunidad de crecer como persona.

Isabella fue una niña pedida y deseada, sin embargo, no estaba clara de lo que sería ser madre hasta el día en que ella nació. Nuestra primera noche en el hospital, cuando la sostuve dormida entre mis brazos, lloré por el amor tan grande que le tengo, pero además por el susto de si podría darle todo lo que esa “mirrusquita” se merece. Esa noche, le hice una promesa a ella y era que iba a trabajarme a mí misma en crecer como mujer, para poder ofrecerle una mamá que se amara a sí misma, por ende, que pudiera amarla a ella de la misma forma.

El haber tenido a Isabella hace casi 7 años ha sido el inicio de mi transformación personal: conocerme, aceptarme y aprender a amarme. Empecé a conocer sobre el empoderamiento femenino, la igualdad y el feminismo, y lo adopté como propio para poder darle el ejemplo a ella de una mujer que se ama a sí misma y se valora.

Con mi segunda hija Victoria, también pedida y deseada, me encuentro en otra etapa de mi vida. Con dos meses de nacida, estoy aprendiendo a realmente amar la maternidad. Viti, como la llamamos de cariño, encuentra a una Adriana más madura. Mis prioridades en la vida han cambiado. Con Isa quería demostrarle al mundo que yo era una supermujer, que podía hacerlo todo perfecto… hoy con Viti no tengo el más mínimo deseo de demostrar nada, me siento más feliz y cómoda con lo que soy y lo que tengo. He creado mis propias reglas y mi camino.

Hoy no busco ser perfecta, sino ser feliz. Y como lo he alcanzado, me siento más segura conmigo misma y con mis decisiones. Por tanto, me es más fácil ser mamá de mi nueva “pelotita”. Me siento menos agobiada, no siento culpa y me siento más segura de la mujer que soy, por lo tanto, le puedo dedicar más tiempo y de mayor calidad.

Esto me ha permitido ser incluso mejor mamá con Isa, tener más paciencia, comprensión y poder distribuir mejor mi tiempo entre tiempo para ellas, para mi pareja y para mí misma.

En este Día de la Madre tengo mucho que agradecerles a ellas que me han ayudado a crecer como persona. A través de Isa, inicié el proceso de amarme a mí misma y a través de Viti estoy aprendiendo a amar la maternidad de una forma que sea sana para mí. A ellas, a quienes amo con todo mi ser, les agradezco infinitamente el escogerme como mamá y amarme así como soy, una mujer en proceso de crecimiento.

Publicado originalmente en: http://www.laprensalibre.cr/Noticias/detalle/118674/aprendizajes-de-mis-hijas

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Hombres: ¡No podemos hacerlo sin ustedes!

Yo soy una mujer feminista y así fui criada por mi papá. Si no fuera porque él creía que yo podía hacer lo mismo que un hombre y aspirar a ser tratada igual a ellos, yo no sería quién soy. Bien pude haber tenido la mala suerte de tener otro papá, uno que me hiciera creer que mi mayor logro en la vida era buscar un marido con dinero, para que este me diera una buena vida, y que cuidara de mí y mis hijos.

Cuando conocí a mi actual pareja, para él yo era una de “esas” que pueden llegar a ser necias con el tema de la igualdad y la mujer.

No necesariamente entendía nuestras luchas y, en su mundo, no era tan real eso de que no hay igualdad o que todavía existe el machismo. He de decir que me “toleraba” mi discurso de empoderamiento, pero seguro a lo interno pensaba que cuando “tuviera hombre” se me iba a “quitar”.

Sin embargo, conforme se fue encariñando con mi hija Isabella y fue poco a poco asumiendo un rol más protector hacia ella, incluso de padre putativo, empezó a notar ciertas injusticias que se cometían contra ella por el simple hecho de ser mujer. Entre más papá de ella se sentía, más iba entendiendo mi lucha por la igualdad y mi crianza empoderadora. La cereza en el pastel fue nuestra hija Victoria, quien terminó de hacer de él un hombre y papá feminista.

De nada sirve nuestro discurso de igualdad, si somos las mujeres las únicas que lo entendemos y que lo profesamos. No podemos dejar de lado a la otra mitad de la población.

Necesitamos de ustedes, hombres, para que nos apoyen en crear un verdadero cambio. El machismo también les afecta a ustedes y les crea una gran carga que no es justo llevarla en solitario. Ustedes hombres no tienen porqué ser los únicos responsables de la manutención del hogar ni es justo que tengan que guardar sus sentimientos, que tengan que jugar de fuertes o que tengan que aparentar valentía y coraje por temor a no ser considerados lo suficientemente machos.

La igualdad entre hombres y mujeres es un tema de ambos. Lo ponemos en práctica no solo en el seno de nuestro hogar, compartiendo las labores domésticas y la carga económica, sino también con la crianza de nuestros hijos e hijas, desarrollando en ellos la convicción sobre temas de igualdad de género, y en el mundo laboral, destruyendo el famoso techo de cristal: ese obstáculo invisible que sufrimos las mujeres por prejuicios estereotipados que tienen las personas sobre nosotras y nuestro desempeño.

El feminismo, entendido como el movimiento social que busca la igualdad de derechos y oportunidades de ambos sexos, es necesario para lograr una mejor sociedad, libre de estereotipos para todos, pero no podemos hacerlo solas. ¡Los necesitamos a ustedes, hombres!

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Manejando el rechazo

Seamos honestas, a nadie le gusta el rechazo. El sentimiento de sentirse no aceptado por algo o alguien realmente puede marcar nuestra vida y no siempre de forma positiva. Aunque la sabiduría popular nos dirá que “cosas mejores vendrán”, o que “cuando se cierra una puerta, se abre una ventana”, lo cierto es que por más beneficioso que un rechazo pueda ser a futuro, en el momento lo sufrimos.

Sin embargo, las mujeres tenemos un problema con el rechazo: no sólo lo sufrimos, sino que nos lo tomamos personal y realmente creemos que existe algo mal en nosotras.

A nivel emocional, si un hombre nos rechaza, tendemos a asumir que no somos lo suficientemente bellas o buenas mujeres y nuestra autoestima sufrirá un duro golpe. Por su parte, un hombre que sea rechazado por una mujer puede llegar a sufrir y llorar, pasar por su proceso de duelo, pero esto no le quitará su interés por seguir buscando ni creerá que él tiene algo malo consigo mismo. Podrá darse cuenta que tiene cosas que cambiar, pero difícilmente su autoestima se verá mermada.

A nivel laboral nos sucede lo mismo. Por temor a no ser aceptadas por nuestro grupo de compañeros, es posible que evitemos tomar el liderazgo en ciertas decisiones. Por miedo a que no nos den un mayor puesto o incluso mejor salario, evitamos tomar las oportunidades. Por presumir que no vamos a ser queridas por los demás, evitamos visibilizarnos a nosotras mismas y nuestros logros.

El rechazo lo estamos tomando personal. Creemos que si no nos dieron el ascenso es porque no somos buenas, lindas o inteligentes; cuando la razón puede ser desde simple machismo hasta que no éramos la persona adecuada para el puesto. Incluso puede ser que se lo dieron a una persona más capacitada. Sin embargo, como lo estamos personalizando, empezamos a creernos “no merecedoras” y lo pensaremos dos veces la próxima vez que tengamos que “exponernos” a otro rechazo.

Los hombres desde niños aprenden a ganar y perder sin tomarlo personal. Mientras ellos están jugando fútbol con sus amigos, se pelean, se ensucian y pierden partidos; ellos pueden ser rivales en la cancha y amigos en la vida. El perder contra sus amigos no los hace menos hombres. Mientras tanto, nosotras estamos jugando casita y tomando tecito, donde la dinámica del juego es mantener el orden, estatus quo, no permitir que nada ni nadie sobresalga y la regla del juego es caer bien.

Si tenemos claridad de dónde venimos, podremos cambiar nuestras creencias y enfocar mejor nuestro futuro. Entendamos que cualquier rechazo, personal o laboral, no es un reflejo de nosotras como mujeres. Tenemos derecho a sufrirlo y llorarlo, pero no a interiorizarlo al punto que permitamos que se baje nuestra autoestima o nuestra creencia sobre nuestro valor propio. Si recientemente sufriste de algún rechazo, anímate y síguelo intentando, porque simplemente eso que estabas buscando, no era para vos en esa forma o en ese momento.

 

Publicado originalmente en: http://www.laprensalibre.cr/Noticias/detalle/117684/manejando-el-rechazo-

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¿Capacidad o confianza?

¿Qué está sucediendo en nuestra sociedad con tantas mujeres capaces, inteligentes y preparadas que no están en puestos de liderazgo? ¿Por qué muchos de estos puestos están siendo ocupados por hombres que no poseen las capacidades ni las habilidades?

Se dice que existen tres razones por las cuales las mujeres no avanzan en su carrera profesional: 1. Las mujeres no están interesadas, 2. No tienen la capacidad, 3. El techo de cristal: esa barrera invisible basada en estereotipos y prejuicios sobre el desempeño de la mujer en el mundo laboral.

Ninguna de las dos primeras es correcta. Las mujeres sí estamos interesadas y sí tenemos la capacidad. Lo que sí no se puede negar es que existe un techo de cristal. Sin embargo, hay otro factor adicional que está mucho más arraigado en nuestra idiosincrasia: confundir la capacidad con la confianza.

Creemos que una persona que demuestra autoconfianza es automáticamente capaz, y esta creencia nos afecta directamente a las mujeres, debido a que en nuestra crianza nos han enseñado a ser “calladitas más bonitas” y a ser humildes. Esto nos ha hecho creer que confiar en nosotras y tener una alta autoestima no es bueno y resulta antifemenino.

Lo anterior provoca que, en el mundo laboral, el hombre resalte sus logros y demuestre mucha confianza en sus capacidades (aunque no las tenga). Por ende, se le dan las oportunidades, ya que se le considera capaz. Por otro lado, las mujeres debemos ser más tímidas, brillar menos, no alardear o “rajar” de nuestros éxitos y, por lo tanto, no se nos reconocen las capacidades y no ascendemos.

Es por esto que debemos empezar a visibilizarnos nosotras mismas.

Debemos perder el miedo a confiar en nosotras mismas, y empezar a contar nuestros logros, dejar que otros vean nuestras habilidades y mostrar nuestras capacidades. El considerarnos buenas no tiene por qué ser considerado como “poco humilde”, y el demostrar la inteligencia no tiene por qué ser anticarismático.

Tenemos la capacidad, somos inteligentes y cada día nos estamos preparando más, en mayor número y con mayores años de experiencia. Por lo tanto, debemos abrirnos camino dentro del mundo profesional, aspirar a los puestos de liderazgo y decidirnos a obtenerlos. ¡Pero no lograremos llegar ahí si no entendemos la importancia de desarrollar la confianza en nosotras mismas, creérnosla y demostrarla!

Publicado originalmente en: https://www.laprensalibre.cr/Noticias/detalle/117153/capacidad-o-confianza

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El arte de reinventarse

Como seres humanos, estamos en constante proceso de cambio. Aunque no lo creamos, hoy no somos las mismas personas que hace un año. Muchas cosas han pasado, varias experiencias vividas que nos hacen mirar las cosas desde una perspectiva diferente y reaccionar de otra forma ante lo que sucede.

Lastimosamente cambiamos por las malas, difícilmente lo hacemos por las buenas, de ahí que las crisis sean el punto catalizador que generan los grandes cambios sociales, así como los personales. Todo empieza con ese sentimiento de incomodidad con nuestra vida actual, incertidumbre hacia la vida futura y una gran confusión con respecto a lo que estamos viviendo, lo que queremos y lo que deseamos.

Esta confusión es la clave y el primer paso para reinventarnos. ¡La confusión es lo mejor que nos puede pasar! Solo estando confundidas nos abrimos a un mundo nuevo, lleno de posibilidades y oportunidades, nuevas formas de pensar y actuar, y una mente abierta dispuesta a escuchar para cambiar.

Cuando tenemos certeza de lo que estamos haciendo o viviendo, difícilmente aceptaremos un consejo o una forma diferente de hacer las cosas… pero cuando estamos confundidas somos como un terreno fértil, listo para plantar nuevas semillas.

El futuro puede parecer tenebroso e incierto, razón por la cual nos puede generar mucho miedo… pero nunca olvidemos que ya pasamos por donde asustan y estamos en ese largo túnel empezando a ver la luz.

Como una culebra, empezaremos a dejar nuestra piel vieja y a desarrollar una nueva. Nuestra vida pasada fue buena, porque nos llevó adonde estamos, pero la futura será mejor, por la acumulación de experiencias ya vividas y el afán de ser mejores.

En cada proceso de reinvención, buscaremos darle un nuevo significado a nuestra vida, ya sea a través de un nuevo trabajo, otra pareja, la soltería, una meta o incluso un cambio en nuestro cuerpo. De hecho, se dice popularmente que cuando hacemos un cambio un poco radical en nuestro cabello, es nuestra forma inconsciente de buscar ese cambio.

Mientras nuestra “nueva yo” va tomando forma, pasaremos por momentos de duda y algunas veces de dolor por el pasado, pero tengamos la confianza en nosotras mismas de que lo mejor está por venir, porque ahora somos más fuertes, maduras y sabias. ¡Y recuerda, aunque tengas miedo, hazlo con miedo, pero hazlo!